Los Perros Toman Los Jardines De Tu Ciudad

Para ciertos ciudadanos los perros toman los jardines públicos como un sitio donde llevar a sus perros para hacer sus necesidades.

Bien sea sueltos -corriendo por entre las plantas- o bien atándolos con su correa, ciertas personas comienzan cada mañana su rutina de que los perros toman los jardines por los parques de la urbe.

Cumpliendo con lo que consideran una obligación para con sus canes.
Los Perros Toman Los Jardines De Tu Ciudad

Los Perros Toman Los Jardines De Tu Ciudad

El día de hoy deseo ejercer mi derecho a critica, si bien no por este motivo pierdo la esperanza de que sirva para algo.

Vengo observando, desde hace mucho, comportamientos a mi juicio poco considerados con el espacio público y en consecuencia con el resto de usuarios.
Siempre y en todo momento es posible desgraciadamente que cuando los perros toman los jardines se observa la mala utilización de los mismos por parte de elementos incívicos, no pondré ahora de ahí que el grito en el cielo.
Ya se sabe que siempre y en todo momento ha existido y va a existir gente con escasos valores. No se trata ya de indicar a aquellos que abandonan los excrementos de sus mascotas entre las plantas o bien aun en las “sagradas” zonas infantiles.

A esos ya los doy simplemente por perdidos, si bien me acuerde de ellos con relativa frecuencia.

Seguro que tal actitud la tienen allá y en otra parte a salvedad espero que de sus casas.

Pero… ¿qué ocurre con los que sin llegar a tanto ocasionan del mismo modo un deterioro en nuestros parques?
Es posible que la razón sea la carencia de unas infraestructuras convenientes, no lo sé.
La cuestión es que jardines que fueron diseñados sin tener en consideración a las mascotas son ocupados día tras día por el humano y su animal.
Y por desgracia sin miramientos por las zonas delimitadas.
En ocasiones me encuentro que los perros toman los jardines  hurgando o bien brincando entre las plantas, aun por ir buscando un juguete lanzado por el propio amo.
Las palabras entonces se me articulan solas, no puedo solucionarlo -¿no ves que lo estáis destruyendo todo?-.
Los paseos con el animal atado tampoco son menos perjudiciales si el paseante agrada y lo deja marchar por el verde a su antojo.
Se repiten día tras día exactamente las mismas actitudes.
Ni tan siquiera la proximidad del jardinero logra molestarles, incluso en el momento en que nos encontremos restaurando un parterre ya antes diezmado por semejantes circunstancias.
¿Desea decir esto que no tienen la sensación de estar actuando de mala fe?
Puesto que eso semeja a todas y cada una luces; quizás entonces haya esperanza.

Buscando soluciones

Si es una costumbre tan extendida y además de esto carente de remordimientos, ¿se comprende por ende que es aceptable y ha de ser tolerada?
Yo considero que no -¡solo faltaría!-.
Como se acostumbra a decir, el desconocimiento no exonera de la culpa.
No ya las plantas, sino más bien todos, seguimos padeciendo las consecuencias de ese hábito perjudicial, de que los perros toman los jardines si bien solo sea de forma económica. Mas quizá, eso sí, debería abordarse de otro modo.
Para quien carece de la sensación de “estar haciendo algo malo” quizá la solución no sea la sanción sino más bien instruirle.
Sería más práctico hacerle ver que esas cosas verdes no son bien simples matojos sino más bien plantas ornamentales que están allá para el disfrute de todos, y que desgraciadamente no soportan ese trasiego.
La mayor parte de especies, salvo unas pocas agraciadas empleadas como cespitosas, no aceptan el pisoteo.
Y ninguna que conozca acepta las altas concentraciones de amoníaco contenidas en la orina. Por tal razón, y si estamos familiarizados con las costumbres perrunas, podemos suponer las consecuencias.
Mas ya no solo es cuestión de instruir, asimismo deberían facilitarse mejores opciones alternativas.
Los perros tienen que salir a caminar cuando menos 2 o bien 3 veces al día.
Prohibir sin más ni más, que los perros toman los jardines sin unas instalaciones dedicadas al ocio de estos perros no serviría completamente para nada.
Y ya no se trata de edificar un “pipi-can” en todos y cada parque, sino más bien de adecuar zonas extensas donde puedan descargar su energía.
Si queremos una mejor convivencia, habría que tenerlos en consideración.
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